…y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando - luego - callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones : existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)
Ángel González
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